Es sabido que las tecnologías nos ofrecen ventajas con respecto a nuestro día a día. Con un solo clic podemos tener miles de productos a nuestra disposición sin movernos del sitio, y también podemos estar en contacto frecuente con amigos y/o familiares que se encuentran lejos de nosotros. Sin embargo, el problema radica tanto en el tiempo como en el uso que podemos hacer de nuestros teléfonos y ordenadores, por ejemplo, a lo largo de un día. ¿Pero dónde está el límite? ¿En qué punto establecemos el uso responsable frente al abuso? Quizás sería recomendable empezar a considerar la adicción a las pantallas como un trastorno mental y establecer criterios diagnósticos para su detección y posterior rehabilitación.

No obstante, llevamos un ritmo de vida donde los más pequeños de la casa aprenden a edades muy tempranas a manejar estos aparatos, y donde los límites del uso de éstos son difusos. El desarrollo evolutivo de los niños se ve afectado ya que el cerebro necesita interactuar constantemente con su entorno. La deprivación de estímulos sensoriales puede provocar déficits a nivel social, emocional y sobre todo retraso en la adquisición de habilidades más complejas como puede ser el lenguaje.

Por otro lado, y realizando un salto a la adolescencia, la no limitación del uso de móviles conlleva consecuencias a nivel de autocuidado (comer, dormir, etc), a nivel de relaciones sociales, y a nivel psicológico, como es la capacidad de frustración. Los adolescentes aprender a vivir en un mundo donde pueden realizar aquello que deseen y si no les gusta, pueden borrar y empezar de nuevo (como en un juego). Pero la vida real no funciona bajo estas directrices y nos encontramos a personas que no saben gestionar las emociones que sienten cuando algo no les sale como quieren.

Las consecuencias del abuso de las tecnologías han llegado a tal nivel que en estados unidos se abrió en 2009 la primera clínica de desintoxicación, donde ofrecen ayuda a personas que quieren aprender a gestionar el uso de los móviles y ordenadores. Vivimos en un mundo donde se pueden obtener cosas muy rápidamente y con muy poco esfuerzo gracias, en parte, a las tecnologías. Pero esto a su vez nos plantea una cuestión: ¿es real este mundo que hemos creado?

Mª Pilar Cáceres Pachón
Psicóloga / Directora Técnica
Centro de Rehabilitación e Inserción Laboral
FEAFES-Salud Mental Cáceres