…y los psiquiatras, a pesar ser un tema habitual en nuestro quehacer diario, lo sabemos. A nivel social es la muerte fantasma… muertes que no abren cabeceras en los telediarios, ni titulares en los periódicos… fallecimientos anónimos sobre los que pasamos de puntillas, muertes sin campañas sensibilizadoras, sin discusiones en los foros políticos… donde se estigmatiza a la familia y se crea un halo de silencio alrededor. Afortunadamente algo ha empezado a cambiar, no solo a nivel sanitario, sino a nivel social.., porque el suicidio es un tema que nos atañe a todos como sociedad, como grupo cultural.

Hasta hace escasos años, se miraba hacia otro lado cuando alguien en su pueblo, en su ciudad, en su entorno social se quitaba la vida… Las familias eran señaladas y se convertían en las segundas víctimas. Ya era hora de que se empezara a abordar claramente un problema de salud pública que deja tanto dolor y tantas víctimas colaterales.

No voy a hablar de estadísticas, no voy a dar datos que todos conocemos y que se repiten incesantemente en los medios de comunicación y en los foros de salud mental. Me gustaría plantear este artículo desde el punto de vista de la prevención.

Un solo suicidio ya es un fracaso social, pero la realidad arroja cifras estremecedoras. Cuando alguien decide quitarse la vida es porque el entramado político-social-sanitario ha fallado. Afortunadamente los profesionales sanitarios, fuera del entorno de la salud mental, están empezando a sensibilizarse y considerar hablar con los pacientes, no solo de temas clínicos, sino también de temas emocionales. Hay que abordar el tema del suicidio con la misma naturalidad con la que hablamos de gripe, psoriasis o de una cardiopatía.

El Observatorio de Suicidio desmonta mitos:
-”Quien se suicida quiere matarse”. Falso. Quien se quita la vida solo quiere dejar de sufrir.
-”Quien lo hace no lo dice y quien lo dice no lo hace”. Falso. Muchos suicidios están precedidos por señales de alarma que cualquier sanitario o educador tiene el deber y la obligación de detectar.

En ninguna facultad de Medicina ni de Psicología el suicidio es materia principal de estudio, no se estudia en la Universidad, no hay campañas estatales al respecto, no existen programas sanitarios específicos, no se educa a la población, en general, y a los adolescentes en particular, en el bienestar psicológico y emocional…. .. ¡Estamos hablando de 10 vidas al día en nuestro país!

España sigue sin un plan de prevención, sin campañas estatales o autonómicas que abarque a ámbitos sanitarios, educativos y sociales. Programas que involucren a familiares, educadores, sanitarios y agentes sociales. Es necesario difundir información para disminuir el estigma asociado al suicidio así como la importancia del bienestar psicológico y emocional. Han empezado a aparecer tímidos programas en algunas Comunidades Autónomas, donde se involucra al sector sanitario de forma prioritaria, pero.. ¿y el político?, ¿ y el social?

Si en España las muertes por suicidio duplican a los fallecidos en accidentes de tráfico, ¿por qué no existe financiación para un tema tan grave de Salud Pública? Si la OMS lo señala como un problema de salud de primer orden y recomienda que debe ser un objetivo prioritario mundial.¿ Por qué el Ministerio de Sanidad de nuestro país no incluye un programa orientado a la prevención? ¿Por qué los profesionales de la Salud Mental pensamos que nuestro sistema sanitario debería dar más importancia a las enfermedades mentales? ¿Por qué en las políticas sanitarias estatales y autonómicas no existe financiación específica para la prevención del suicidio cuando sabemos que es la primera causa de muerte no natural en España desde hace más de 12 años, y que ha aumentado de forma alarmante entre la población entre 15 y 29 años?

La Depresión no es un estado de tristeza, es una enfermedad, y como tal, tiene tratamiento. La desesperanza que presentan los pacientes que se quitan la vida es algo temporal, aunque en determinados momentos no lo sientan así. Y por último señalar que tenemos un sistema sanitario público en el que existen profesionales preparados para abordar las ideas suicidas, recuperar la funcionalidad del paciente y que la desesperanza que experimentan sea algo efímero.

 

Julia García White.
Psiquiatra
Coordinadora de Salud Mental del Área de Cáceres.

El suicidio es un importante problema de salud pública; la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que casi un millón de personas fallece cada año por esta causa en el mundo, con una tasa de mortalidad de 16 por cada 100.000, lo que supone una muerte cada 40 segundo, más de 800.000 personas se al año en el mundo y en España la cifra es de 10 personas al día. Por ello, es necesario un plan de prevención del suicidio que tenga los recursos suficientes para poder atender los casos de personas con conducta suicida, a sus familiares y a aquellas personas supervivientes del suicidio.

Considerando la prevención de la conducta suicida dentro del modelo de prevención sanitaria clásico desde la salud pública, todo plan de prevención de la conducta suicida debe contemplar la integración de la prevención primaria destinada a población general, una prevención secundaria dirigida a grupos de riesgo suicida y una prevención terciaria a personas que ya han presentado una conducta suicida. Por lo que son elementos que deben aparecer sin lugar a duda dentro de las acciones a desarrollar y llevar a cabo.

Partiendo de estas bases, y analizando los diferentes planes existentes parece esencial tener en cuenta una serie de elementos y claves comunes a todo ellos, a la hora de elaborar un plan de prevención. Así podemos citar:

  • Promoción de la salud mental.
  • Formación específica en salud mental de los agentes implicados.
  • Programas dirigidos a grupos vulnerables.
  • Programas dirigidos a grupos de alto riesgo.
  • Restricción de acceso a medios letales.

Es de vital importancia recalcar la necesidad del apoyo institucional y el apoyo del gobierno para llevar a cabo las iniciativas. Y se de el peso, entidad y magnitud que tiene la conducta suicida y los beneficios de su prevención e intervención a todos los niveles.

La capacitación de los profesionales sanitarios y de los agentes sociales para la identificación precoz, evaluación, tratamiento y seguimiento de personas con riesgo de conductas suicidas es un elemento esencial, prioritario y necesario en todo plan de prevención. Motivo éste por el que deben aparecer formación específica en el ámbito de la salud mental y dirigida a tanto a profesionales sanitarios como a profesionales no sanitarios pero esenciales en la detección o intervención de la conducta suicida como son los educadores , policías, bomberos…

Crear un proceso o sistema de seguimiento dentro del sistema sociosanitario, de aquellas personas identificadas como población de riesgo, favorece la continuidad de cuidados y la no duplicación de recursos, así como una atención de calidad y una mayor eficacia en la gestión de los posibles riesgos, minimizando la posibilidad de una conducta con resultado de suicidio consumado.

En relación con la idea anterior, la creación de un sistema de gestión de casos sería una herramienta eficaz para un mayor éxito de la prevención. Así como la derivación a recursos específicos para la rehabilitación o tratamiento de las patologías de base que pudieran existir. Unido esta idea, la creación de recursos o servicios de apoyo para las personas afectadas o supervivientes de la conducta suicida sería un complemento esencial para la prevención, intervención y postvención de la conducta suicida.

Promover la concienciación pública relacionada con asuntos de bienestar y salud mental. Es decir, aumentar la concienciación general sobre el impacto, magnitud y consecuencias de la conducta suicida abordando el estrés su manejo y la gestión eficaz de situaciones de crisis. Sería un elemento que reduciría no sólo el estigma asociado, sino que facilitaría la creación de protocolos en diferentes ámbitos encaminados a la reducción de las tasas de suicidio.

Por otro lado, restringir el acceso a medios letales no puede obviarse dentro de ningún plan, ya que es un elemento de intervención directa en los resultados. Con este aspecto se hace referencia al control de tóxicos, medicamentos, armas…al diseño de obras públicas que impidan ser utilizadas como medios letales. Se ha comprobado que esta medida es una de las más rápidas y evidentes para reducir las tasas de suicidios.

Otro aspecto en el que se debe incidir en los planes de prevención de la conducta suicida pasa por atender a los medios de comunicación y el tratamiento que de la conducta suicida se realiza en los mismos.

Por último señalar la ideas sobre la necesidad de investigación como elemento clave y beneficioso que debe recoger cualquier plan de prevención de la conducta suicida. Ya que de los resultados de las investigaciones sobre aspectos relacionados con la epidemiología, factores de riesgo y protección, neurobiología de la conducta suicida, estrategias eficaces y acciones preventivas, diferencias culturales…, dependerá no sólo la orientación de los planes de prevención sino que los resultados de los mismos podrán garantizar con un mayor éxito la reducción de las tasas de suicidio.

Porque el suicidio se puede prevenir.

Si necesitas ayuda no dudes en llamar al 112, teléfono contra el suicidio.